Golfo de Cádiz - El Viaje - Agua
Puerta de Occidente y Espejo de la Plata. Soy la curva de agua que acaricia las arenas de Doñana y el latido de la Bahía de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente que emerge de mis profundidades como una sirena de piedra blanca. Soy el asombro de los navegantes que partieron de Palos de la Frontera para dibujar un nuevo mapa del mundo y el eco de las naves fenicias y romanas que buscaron en mis redes el oro de los atunes. Soy el reflejo del sol sobre las marismas del Odiel y el aroma a sal que el viento de poniente reparte por las calles de Sanlúcar y el Puerto.
Hoy te hablo desde la mística de mis bajos de arena y la paz de mis dunas móviles, porque bajo mi manto de turquesa y espuma late un corazón que ha visto nacer y morir imperios. No me mires solo como un horizonte de vacaciones o una despensa de marisco; mírame como el cordón umbilical que une a Europa con la esperanza de las Indias, el hogar que hoy reclama que tú también te conviertas en el guardián de su luz y su equilibrio.
Desde la nobleza de las Murallas de Cádiz hasta el rincón más salvaje de la Flecha de El Rompido, desde el faro de Chipiona que escala el cielo hasta la soledad habitada de las salinas, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No navego solo; llevo conmigo la memoria de marineros, cargadores de Indias y almadraberos, de aquellos que con manos curtidas por el salitre y el sol de la Baja Andalucía levantaron torres vigía y cuidaron cada estero cuando la vida era un desafío de mareas. Ellos son ahora el murmullo de mis olas y el aliento que agita las velas.
Fui el límite del mundo y la llave del Nuevo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de sal y libertad. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que el Golfo de Cádiz necesita?